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La curva de la pena trae la tarde
donde esparce promesas ataviadas.
Conmino a la osadía;
huellas inscriptas en el fuego,
río de orillas de barro.
Regreso a seducir a los océanos
a la hora quieta donde,
las olas me apuñalan de distancias.
No insistiré en quedarme
cuando el rojo horizonte
disuelva la mirada
en que te busco.
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María T.